Medicina clásica oriental, Barcelona. Profesor Manuel Rodríguez Cuadras. Acupuntura japonesa, Toyohari, Manaka, Shonishin, Fitoterapia China, Acupuntura biodinámica. Pediatría, ginecología, dolor, ansiedad, depresión, fatiga.



Medicina clásica oriental, Barcelona. Profesor Manuel Rodríguez Cuadras. Acupuntura japonesa, Toyohari, Manaka, Shonishin, Fitoterapia China, Acupuntura biodinámica. Pediatría, ginecología, dolor, ansiedad, depresión, fatiga.
Meridianos, avenidas de la fe.

 

MERIDIANOS: LAS AVENIDAS DE LA FE

 

¿Que cosa es fe? Creer en lo que no se ve (Catecismo, 1950)

 

Practico Medicina China desde hace más de 15 años, y antes fui, entre otras cosas, ingeniero y director de empresa. Mi mente funciona de modo básicamente racional (aunque seguro que encontrarán Uds. numerosas personas dispuestas a afirmar lo contrario) y mi trabajo cotidiano gira alrededor de la comprensión, la percepción y la influencia que puede ejercerse sobre los Meridianos y sobre ese ente aún misterioso que los chinos llamaron ´Qi´. Entonces, si soy persona racional, y si cada día trabajo con los Meridianos y el Qi... ¿Qué tiene que ver la fe con todo esto? ¿Los Meridianos existen o no? ¿Circula por ellos un tipo especial de energía o sustancia? Hubo un tiempo en el que hubiese respondido con claridad y seguridad a estas preguntas, luego pasé por la confusión, y hoy, aunque en cierto sentido más confundido que nunca, creo que puedo ofrecer algunas cuasi-respuestas, menos asertivas que lo hubiesen sido las de hace unos años, menos precisas y tajantes, pero tal vez, solo tal vez, algo más cerca de la verdad

 

¿Existen de verdad los Meridianos?

Para responder a esta pregunta, lo que se suele hacer con ligereza, primero tenemos que ponernos de acuerdo sobre lo que consideraremos prueba de existencia. ¿Existe Tokio?¿Existe la Luna?, o, más pertinentemente, ¿Existen los músculos?. Si nos paramos a pensarlo, salvo unos pocos, y descontando los japoneses (esos sí que existen, o al menos yo he conocido algunos), carecemos de pruebas sólidas y fiables de que Tokio, la Luna  o los músculos existan. Pero, un momento, ¡los músculos sí existen! Me dirán Uds. Y yo les responderé: ¿Seguro? Porque salvo unas muy contadas excepciones, cuando voy a la playa, cuando observo un humano vivo, no los veo. Veo piel, algunas mucosas, pelo... y nada más. Cierto que el cuerpo se mueve, pero por lo que puedo percibir, podría moverse mediante, por ejemplo, un circuito hidráulico o presiones de aire como el muñequito de Michelin. No sea Ud. bruto, hombre -seguro que me dirán-, sabemos perfectamente que los músculos existen porque desde hace siglos, particularmente desde Aristóteles, que se viene diseccionando cadáveres, y se ha observado en todos ellos unos grupos de fibras más o menos contráctiles (bueno, si está muy muerto lo de contráctiles necesita una ayudita) unidas a los huesos y que funcionan estirando y empujando las distintas articulaciones de modo totalmente coherente con los movimientos que el diseccionado haría si estuviese vivo. Incluso es posible que alguien pueda aportar pruebas de otras épocas de lo que sucede cuando una de esta masas contráctiles es seccionada o eliminada. Los músculos no los vemos, pero existen... porque los vemos en los muertos.  Lo mismo podría decirse del estómago, del cerebro, de todas esas piezas que encontramos en las paradas de casquería del mercado. Para comprender un vivo examinamos un muerto... ¿Tiene lógica?. En realidad puede tenerla, pero no es tan simple; el porqué de la aparición y dominio de esta visión anatomomecánica del cuerpo es una incógnita [Kuriyama 2005:124], e incluso una anomalía, pues las principales tradiciones médicas contemporáneas a su instauración, como la ayurvédica, la egipcia y la china "florecieron durante miles de años sin privilegiar la inspección de los cuerpos" [Kuriyama 2005:126], e incluso los tratados de Hipócrates manifiestan escaso interés en la investigación anatómica . La realidad es que existen muchos modos de conocer el cuerpo, por ejemplo observando como le afectan agentes externos, como alimentos, clima, emociones, etc., o estudiando como cambia cuando se le estimula de un modo determinado (cauterizado, sangrado, pinchado, masajeado), sin olvidar los fenómenos de autoconciencia  o autopercepción relacionados con estados de conciencia ampliada, a través de ejercicios o sustancias. Todos estos métodos resultan válidos como fuentes de información, especialmente si la utilizamos en su propio contexto, y, como escribe Kuriyama "Ninguna inclinación natural exige buscar la verdad acerca del cuerpo en un cadáver desmembrado" [Kuriyama 2005:126]. Significativamente, Galeno llegó a quejarse de que los anatomistas contemporáneos hubieran "elaborado obviamente con atención la parte de la anatomía que resulta completamente inútil para los médicos o que procura poca o sólo una ayuda ocasional" [Singer, 1956:34]. No es este el lugar de especular sobre porqué fue tan importante para los griegos antiguos al exploración de la muscularidad (pueden Uds. referirse al libro de Kuriyama al respecto), pero sí que es necesario destacar que, en sí, la visión el cuerpo originada en la disección no es ontológicamente más verdadera que otras originadas en distintos aspectos y vías de conocimiento

 

Y aquí aparece la tradición china, y con ella las ideas, entre otras, de qi y de meridianos, que resultan hasta cierto punto inseparables. La tradición premédica, principalmente lo que conocemos de cosmología y de adivinación, nos presenta ya conceptos sobre ambos términos, aunque, como es de esperar en una tradición tan extensa en el espacio y el tiempo y de la que solo ahora empezamos a conocer partes del contexto, las definiciones y usos de ambos términos son con frecuencia muy poco coherentes entre sí. Dejo para otro momento el estudio de la posible evolución histórica del concepto ´qi´ para centrarme, aunque sea muy superficialmente, en como y porqué aparece una entidad como los jingmai, lo que usualmente traducimos por ´meridianos´   

 

Lo primero es que los jingmai son, como concepto, relativamente jóvenes, pues aparecen por primera vez con tal nombre en el Suwen (una parte del famoso Huang Di Neijing), y, por tanto, solo tiene unos 2000 años, siglo más o menos. Antes del Suwen las dos partes de la palabra jingmai aparecen separadas y en contextos completamente diferentes. Por una parte tenemos el término ´jing´, relacionado con los movimientos del cosmos, y correspondiendo a diferentes estadios, presentaciones o movimientos del qi, que en este contexto representa principalmente un conjunto de fuerzas naturales y sobrenaturales, en principio poco o nada vinculadas con el cuerpo humano en concreto. Por otro lado, la tradición médica (es decir, directamente corporal) anterior al Suwen nos habla exclusivamente de ´mai´, término que se ha traducido generalmente como conducto o vaso... porque por los mai, en este contexto, circula sangre. La literatura médica temprana emplea los mai como factor de un modelo fisiológico primitivo en el que se puede intervenir sobre el estado del cuerpo moxándolos o sangrándolos [1]. Las referencias al qi como ´fluido vital´ son, en este momento, escasas, oscuras y, en su mayor parte, inexistentes. No será hasta la aparición del Suwen (fecha aún en cuestión, consensuada alrededor de 200-100 AC, Unschuld 2003) cuando el término jingmai (traducido como ´meridianos´, pero también como ´conductos´, ´canales´, ´vasos´, por mencionar solo las traducciones más corrientes) aparece claramente relacionado con ambos, qi y sangre, y como núcleo conceptual de la fisiología y patología humanas. Paralelamente con la concreción de estos conductos o canales, el qi, aquella especie de energía cósmica indiferenciada, adquiere para el cuerpo el valor de ´energía vital´, el algo indefinible que separa un vivo de un muerto, y que permite al primero funcionar de modo más o menos correcto. La introducción de la idea de jing en el cuerpo introduce, si seguimos la etimología del término, un sentido de orden en la fisiología [Birch, Cabrer, Rodríguez, en preparación], pues su grafía se interpreta como la trama de un tejido [Unschuld 2003:169-170], los hilos verticales sobre los que se tejerá el tejido con todas sus variaciones y colores, en suma, como la estructura interna sobre la que se articula la realidad visible. Otras traducciones enfatizan claramente la acepción de jing como elemento de orden: Sivin dice que implica regularidad [Sivin 1987:80], Puett traduce jing como "alinear" [Puett 2002:2]. Puede que, como escribe Birch, " Tal vez la incorporación del término jing en la palabra compuesta jingmai tenía el sentido de implicar una mayor ordenación del cuerpo, base conceptual de lo que Unschuld argumenta como paralelismo (de la teoría médica) con la ordenación de la sociedad que se experimentó durante los inicios de la dinastía Han [Unschuld 1985]". La incorporación del término jingmai fue posiblemente también facilitada por el hecho de que los mai (vasos), sus predecesores fisiológicos, supuestamente también circulaban en sentido vertical [Harper 9998:86]. Podemos intuir que en la conjunción jing+mai, al ser los mai parte del cuerpo, ligados por tanto a la Tierra, mientras que los jing estaban relacionados con modelos más amplios de la Naturaleza (y, por tanto, con el Cielo), el término jingmai podía representar la materialización de la idea del ser humano como producto de la interacción Cielo-Tierra[2], interacción que se realizaría a través de los jingmai como ´conductos´ o lugares preferentes del recorrido de los elementos imprescindibles para la vida: la sangre y el famoso qi. Al mismo tiempo, la idea de jingmai y de qi permite relacionar el cuerpo no solo con el cosmos en su conjunto, sino también con los flujos de agua, que representan para la China antigua un grupo de metáforas alrededor de las cuales construyen con frecuencia sus nociones de espacio, orden, movimiento y flujo, conceptos todos ellos de primordial importancia en el nacimiento del pensamiento médico de la época Han[3]. Los jingmai son, pues, una creación intelectual, una herramienta que -junto con el qi- permiten explicar el funcionamiento del cuerpo humano y, lo que es más importante, corregir sus desviaciones. No pueden verse a simple vista (como el cerebro, por ejemplo...), pero permiten explicar una serie de fenómenos observables en el cuerpo humano y, lo que es más interesante, sirven de base conceptual para intervenir en su funcionamiento

 

Donde los griegos, buscando el último móvil, encontraron músculos a partir de desmembrar muertos, los chinos, observando vivos, llegaron a construir un modelo de interacción con la vida, y, debido a razones históricas y culturales, y, sobre todo, a partir de la experiencia y la observación, dibujaron detallados mapas de ese modelo, trazando en él unas líneas de circulación preferente y unos puntos de control de esa circulación. No está en absoluto probado que ambos modelos del cuerpo sean superponibles[4], y en realidad existen escuelas de acupuntura donde la percepción de los movimientos del qi prima sobre la de las estructuras anatómicas subyacentes. Desde este punto de vista, admitiendo la eficacia -hoy ya incontestada- de la acupuntura, y la necesidad para esta del soporte teórico que le proporcionan los conceptos de qi y jingmai, nos veremos obligados a admitir la existencia de algo que no vemos, es decir, a hacer con los jingmai una profesión de fe       

 

 

En cualquier caso, ¿Para qué sirven?

Desde el punto de vista de la ciencia y de la cultura estamos viviendo un punto de inflexión. Por un lado tenemos la ciencia que podríamos calificar de newtoniana o aristotélica, la del paradigma de lo analítico, predecible y mecanicista, que domina o pretende dominar el panorama. De hecho, gracias  a su tradición en Europa, a su carácter utilitario y a los poderosos intereses económicos que se han constituido a su alrededor, es preciso reconocer que es la ciencia todavía dominante, al menos desde el punto de vista socioeconómico y popular. En esta forma de ciencia la  prueba suele corresponder a las máquinas, es decir, es cierto aquello que las máquinas validan como tal. La máquina se erige en juez del criterio humano (olvidando muchas veces que una máquina no podrá medir nada que no sea aquello para lo que se la construyó), lo que no mide la máquina no existe. Por otro lado, desde principios del siglo XX, existe otra orientación de la ciencia, una ciencia aparecida al socaire de la física de partículas y representada popularmente por el genio de Einstein. En esta otra ciencia se reconoce el papel activo del observador en el fenómeno observado (relativizando así muchos de los conceptos fundamentales de la ciencia aristotélica), se reconocen y observan fenómenos como la simultaneidad (una partícula puede estar en dos lugares al mismo tiempo) y se reconocen ´herejías´ como que tal vez no es posible conocerlo todo, o que el todo no es la suma de las partes, o que la mente puede influenciar la materia. Es esta ciencia, la más moderna y todavía poco lastrada por intereses industriales poderosos donde fenómenos como campo, interacción a distancia, bioinformación, etc. tienen su asiento, y es aquí donde, tras siglos de manejar la intuición, están encontrando apoyo científico las antiguas nociones de qi o de jingmai. Específicamente hablando de los jingmai, de aquellos mapas no anatómicos[5] en los que los chinos dibujaron las corrientes accesibles del cuerpo que les permitían manipular su funcionamiento, y que sabemos que en parte se basaban en percepciones subjetivas e intersubjetivas, están encontrando hoy constataciones de existencia real. Algunas de estas constataciones son mediante máquinas (cambios en la capacidad electromagnética de la piel, por ejemplo) pero, lo más importante, es que gracias a la admisión de la ciencia no aristotélica, los jingluo van tomando carta de definición de fenómeno real, y esto es bueno para todos los que practicamos acupuntura. Pero adherirnos a esta ciencia tiene su coste: la seguridad, la certeza, desaparecen, y, en cambio, aparecen nuevos factores, como el papel de la intención o la interinfluencia paciente-terapeuta. Con ello vamos a vivir y aprender en las próximas décadas, armados ahora de paradigmas científicos que nos permitirán posiblemente ahondar en la tradición basada en una brillante intuición. Y en este quehacer vamos a seguir usando los meridianos, esos lugares donde parecen concentrarse ciertos aspectos de la fisiología humana y a través de los cuales podemos influenciar su funcionamiento  

 

Y ahora, al final, es buen momento para explicar porqué traduzco jingluo por meridianos, sin usar otros términos comunes, como ´canales´ o ´vasos´. Además de que ´meridianos´ es la traducción más literal, corresponde, en chino moderno, a los meridianos terrestres, es decir, a líneas imaginarias que nos permiten orientarnos en una realidad compleja. Este es un concepto que me resulta particularmente útil: meridianos como líneas consensuadas, como guías para el trabajo, como señal del hombre en la Naturaleza, como base para entenderse entre sí, para definir, en lo posible, la situación de las cosas. Los jingluo, los meridianos, como las líneas en un mapa, nos sirven para orientarnos en el cuerpo, para facilitar la interinfluencia entre paciente y terapeuta, para dar sentido a la acción de aquellos, que, careciendo de la intuición poderosa de aquellos primeros inventores del sistema, necesitamos brújula y mapa para movernos en la compleja realidad de los cambios del cuerpo humano. Afortunadamente las pruebas de que el mapa funciona en clínica son abrumadoras, así que, la conclusión sería: los jingluo existen porque son útiles; la fe movió las montañas   

 

 

Bibliografía

  • Birch, Cabrer, Rodríguez, en preparación
  • Daly 1999
  • Harper, D. Early Chinese Medical Literature: The Mawangdui Manuscripts (London, Kegan Paul, 1998)
  • Kuriyama, Shigahisa. La expresividad del cuerpo y la divergencia de la medicina griega y china (Madrid, Ed. Siruela, 2005)
  • Lo, V. Introduction. In Lu G.D., Needham, J. Celestial Lancets (London, Routledge Curzon, 2ª Ed., 2002, pag. xxv-li)
  • Lu G.D., Needham J. Celestial Lancets. (Cambridge University Press, 1980)
  • Lo, V. The influence of nurturing life on the development of Western Han acumoxa therapy. In Hsu E (ed.) Innovation in Chinese Medicine, Cambridge, (Cambridge University Press, 2001: 19-50)
  • Puett, M.J. To become a God: cosmology, sacrifice and self-divination in early China. (Cambridge, Harvard University Asia Center, 2002)
  • Singer, Charles, trad. Galen on Anatomical Procedures (London: Oxford University Press, 1956)
  • Sivin, N. Science, Medicine & Technology in East Asia 2, (University of Michigan, Center for Chinese Studies, 1987)
  • Unschuld, P.U. Medicine in China: A History of Ideas. (Berkeley, University of California Press 1985)

Unschuld, P.U. Huang Di Nei Jing Su Wen-nature, knowledge, imagery in an ancient Chinese medical text (Berkeley, University of California Press, 2003)


[1] Esto puede verse en los textos hallados en las tumbas de Mawangdui (168 AC) y Zangjiashan (186 AC). Ver traducciones en Daly 1999, Harper 1998, Lo 2002)

 

[2] Esta idea es una de las más antiguas y consolidadas en la tradición china, medica o no. Existen numerosos ejemplos y discusiones alrededor de cómo se ejecuta (interacción, contraste, intercirculación, alimento, yin-yang, etc.), pero lo más destacable en este momento es que su admisión inmediatamente introduce la necesidad de admitir el qi como esencial en el concepto del cuerpo.

 

[3] Ver, por ejemplo: "un flujo regular del qi, la sustancia vital de la vida, era tan básica para la salud física como para la armonía entre el Cielo y la Tierra, y los canales a través de los cuales circulaba se definieron con el mismo cuidado que las avenidas de agua del Imperio" [Lo 2001: 31], o bien "la función del sistema de canales y conductos (jingluo, término derivado de jingmai) es promover el paso normal de sangre y qi, de forma que las esencias vitales derivadas de la alimentación puedan alimentar el yin y el yang, sostener los músculos, tendones y huesos y lubricar las articulaciones" [Lu, Needham 1980:28-29]

 

[4] Por ejemplo, el Lingshu, el texto seminal de la acupuntura y su referente más antiguo, dice claramente cosas como que los acupuntos  son: "donde el qi o el shen (o alternativamente ambos, qi y shen) viaja adentro y afuera [Lo 2003:31], o que "el hábil (acupuntor) presta atención al shen, mientras que el grosero presta atención a los músculos y las articulaciones"

 

[5] Recordemos que la anatomía occidental no entró en Asia hasta el siglo XVIII. Los mapas de meridianos y puntos que se había usado durante siglos están siempre dibujados sobre la piel del modelo, sin mostrar NUNCA estructuras anatómicas subyacentes

 




Meridianos, avenidas de la fe (PDF)




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